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Colombia, potencia mundial en anfibios: Registra 883 especies

 A nivel global existen más de 8.000 especies y el 40% en riesgo de extinción

Colombia es uno de los países con mayor diversidad de anfibios en el planeta con un registro de 883 especies, una cifra que lo ubica entre los territorios más ricos en este grupo biológico, según el portal especializado Batrachia.

Este registro convierte a los anfibios en un componente esencial para los procesos de conservación ecológica y restauración ambiental, especialmente en ecosistemas estratégicos como los bosques altoandinos y los páramos.

La Fundación Natura en su informe titulado: Un tributo a las ranas y otros anfibios de tierras altas, destaca que su inclusión debe ser prioritaria debido a la sensibilidad ambiental, el papel en la dinámica trófica y su función como bioindicadores.

En los paisajes de alta montaña, los atardeceres transforman el territorio en un mosaico de nubes terrestres. La humedad se condensa sobre frailejones, musgos y pajonales, creando las condiciones ideales para que emerja una sinfonía nocturna: el canto de las ranas terrestres.

Estas especies, muchas del tamaño de un pulgar, han desarrollado adaptaciones fisiológicas para sobrevivir en ambientes fríos y variables.

                                             

Anfibios y lagartos de alta montaña

La publicación “Anfibios y lagartos de alta montaña: Ecofisiología evolutiva y límites altitudinales” explica que estas adaptaciones incluyen modulación metabólica, tolerancia térmica y el uso de refugios naturales.

A pesar de su importancia, el conocimiento científico sobre los anfibios de páramo sigue siendo limitado. El artículo “Current State of Knowledge of Páramo Amphibians in Colombia” advierte que persisten vacíos sobre su historia de vida, hábitos y distribución, lo que dificulta la formulación de planes de conservación.

Las amenazas más frecuentes incluyen la transformación del hábitat, la expansión agrícola y la degradación de ecosistemas.

Los anfibios cumplen funciones ecológicas críticas. Regulan poblaciones de insectos, sirven de alimento a peces, aves y mamíferos, y dependen estrechamente del agua, incluso en ambientes terrestres.

Esta sensibilidad los convierte en indicadores de la “salud ecosistémica”, como señala la publicación “The Multifaced Importance of Amphibians”.

Además, poseen relevancia biomédica y cultural: sus compuestos han sido estudiados para el desarrollo de fármacos y muchas especies son símbolos tradicionales asociados a fertilidad, transformación y resistencia.

 

Fuente/ Fotos @FundaciónNatura

Especies en extinción

A nivel global, existen más de 8.000 especies, de las cuales el 40% está en riesgo de extinción, según el artículo “Ongoing declines for the world’s amphibians”. El cambio climático, la contaminación y las especies invasoras agravan su vulnerabilidad.

En Colombia, la región andina alberga cerca de 140 especies, muchas endémicas, según la Guía de anfibios y reptiles del Parque Nacional Natural Chingaza.

Este territorio se ha convertido en escenario de experiencias de restauración ecológica donde los anfibios son indicadores de gran importancia.

 En las compensaciones ambientales del Proyecto de Transmisión Eléctrica Nueva Esperanza (EPM), la presencia de especies como la rana de niebla (Pristimantis elegans) —vulnerable según la UICN— en áreas restauradas sugiere una recuperación de poblaciones.

Un hallazgo destacado es el descubrimiento de la salamandra Bolitoglossa muisca en bosques nublados de Bojacá, evidencia del valor de los endemismos y de la importancia de las acciones de restauración para proteger especies aún desconocidas.

El análisis del vínculo entre anfibios y plantas nativas permite diseñar estrategias complementarias de manejo del hábitat, favoreciendo la recuperación de coberturas vegetales y la sostenibilidad de sus poblaciones.

Estas acciones buscan superar barreras históricas como la fragmentación del hábitat, señalada en el artículo “La fragmentación del hábitat como determinante de la diferenciación de los sistemas de comunicación animal”.

Fortalecer la educación ambiental y sumar el conocimiento local al científico es indispensable para garantizar la permanencia de estos organismos, subraya la Fundación Nature.