Dunas de Taroa: el desierto que se abraza con el mar en Colombia
Península de la Guajira y sus paisajes de película
CBP: Mauricio Valderrama
Descender del avión en el aeropuerto de la ciudad de Riohacha (La Guajira ), es recibir de inmediato el golpe del calor, un aviso de que el recorrido será intenso. La primera cerveza fría en el malecón, frente al mar inmenso y la brisa que acaricia, marca el inicio de un trayecto que conduce hasta Punta Gallinas y las Dunas de Taroa.
Las Dunas de Taroa, en el extremo norte de la península de La Guajira, son un fenómeno natural único en Colombia: montañas de arena dorada que descienden suavemente hasta encontrarse con el mar Caribe.
El viaje avanza entre contrastes: calles tranquilas de ciudad, caseríos dispersos, retenes improvisados por comunidades indígenas y la caravana de camionetas 4×4 que cruza el desierto levantando polvo como si se tratara de una escena de película.
La vegetación cambia, el terreno se vuelve más árido, y los conductores, conocedores de cada color de la tierra, conducen sin necesidad de GPS.
Entonces aparece el verdadero espectáculo: las Dunas de Taroa. Un desierto dorado que se funde con el azul del mar, un paisaje que parece irreal.
Ahí está la arena que cae suavemente hasta morir en las olas, y el atardecer tiñe el horizonte de colores infinitos.
La noche llega con un cielo estrellado que nos deja sin palabras y el amanecer, con su silencio y paleta de tonos suaves, regala un momento para contemplar el horizonte con la brisa marina que nos abraza.
Las Dunas de Taroa son más que un destino: son un escenario que combina aventura, belleza y asombro. Un lugar que merece ser recorrido con calma, dedicándole días para descubrir cada rincón de este paraíso natural de Colombia.
La Guajira es la península más septentrional de Sudamérica
La Guajira es la península más septentrional de Colombia y Sudamérica, un territorio fronterizo con Venezuela donde el desierto se funde con el mar Caribe.
Es el territorio del pueblo wayuu que combina paisajes áridos, playas solitarias y escenarios únicos como las Dunas de Taroa, que la convierten en un destino singular de naturaleza y cultura.
Imagenes: Mauricio Valderrama
Edición Digital CBP
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