Don Aristóbulo Moreno vino a Repelón a mediados de 1967 para asumir el mantenimiento de la maquinaria utilizada en el cultivo del algodón. Ahora es un octogenario poseedor de una memoria avisada, capaz de nombrar desde las variedades del algodón que aquí se sembraban hasta la procedencia de los mejores repuestos para la reparación de los casi 150 tractores a su cargo. Describe el pasado con la autoridad del protagonista:

 

CBP – Barranquilla

Banda 20 de Julio, patrimonio vivo del carnaval

Este 24 de enero, un breve aguacero sorprendió a los habitantes de Repelón porque es inusual que llueva en esta época.

Por: Libardo Barros Escorcia*

La vieja canción de carnaval que se oye a lo lejos trae a la memoria que este pueblo, situado a 90 minutos de Barranquilla, tuvo una época de prosperidad. Recordando que la Banda 20 de Julio le puso ritmo a ese júbilo colectivo, interpretando las canciones que la han convertido en una agrupación icónica, histórica, patrimonio vivo del folclor colombiano. El sonido inconfundible de su música marcó tanto el imaginario colectivo que el grupo se convirtió en símbolo de identidad para el Atlántico y el Caribe colombiano y un aporte invaluable para el Carnaval de Barranquilla.

En 1970 patentó su nuevo nombre y lo hizo público en una emisora local: Banda 20 de Julio de Repelón. El estreno llegó acompañado de un nuevo disco de larga duración.

Sinibaldo Cantillo, su actual director, tenía entonces 7 años de edad y el sueño de ser músico. Hoy día, además de tocar el trombón, gestiona los contratos de la agrupación.

A la Banda se le critica no haber grabado desde hace más de 40 años, pero a sus actuales integrantes no les importa. Creen que las grandes obras duran para siempre y prefieren respetar y valorar lo que ya grabaron antes que crear música nueva. Por ahora, el objetivo inmediato de la agrupación es conseguir los recursos para crear una escuela que preserve su legado musical.

Recrear la vida

Don Aristóbulo Moreno llegó a Repelón a mediados de 1967 para mantener la maquinaria de los cultivos de algodón. Hoy es un octogenario con una memoria lúcida. Recuerda desde las variedades del algodón hasta el origen de los repuestos para los casi 150 tractores que cuidaba.
Vivió las épocas del esplendor en este pueblo: el algodón, en su segunda etapa,1970, y luego el tomate, a partir de la década de 1980. Para entonces tenía su propio taller.

El algodón impulsó la economía regional con cultivos y talleres locales. Repelón acopiaba las cosechas para enviarlas a Sucre y luego a Sabanalarga para exportar por Barranquilla. Sin embargo, el proyecto fracasó en menos de 10 años debido a las plagas y al desgaste de la tierra.

El cambio de dueños de la tierra trajo controles y menos fiestas. Hoy solo queda el ruido sordo de los grandes equipos de sonido que embrutece y destruye la identidad. Antes, sus pobladores transformaban los problemas en canciones.

Sinibaldo Cantillo, quien ha protagonizado estos hechos explica:

Ninguno de los sonidos de nuestros músicos llegó por casualidad. Ellos eran señores del pueblo pueblo, de esta tierra. Sometidos a los vaivenes de la vida de aquí, así como los de ahora. Por eso, nos extraña que, aunque de nosotros se hable tan bonito en la prensa y la televisión, nos traten con desdén. El pago de una presentación de tres tandas, de una hora cada una, no alcanza los 1000 dólares. No hemos sido profetas en nuestra propia tierra. En estos carnavales 2026 solo hemos tenido una presentación en Polo Nuevo, aquí en Repelón, no. Creo que nos hemos dejado maltratar, y esto se tiene que acabar.

En Repelón hubo creadores sin recursos que no dejaron vencer por el maltrato ni las dificultades. Tenían motivos para quejarse y esperar ayuda de otros, pero eligieron otro camino. Tuvieron el valor de entender que el ingenio puede mejorar la vida y vivir con decoro a pesar de la pobreza.

Entonces fue la música

Miguel Iriarte, estudioso de los grupos de vientos en la región, afirma que las agrupaciones del Caribe colombiano provienen de las bandas de guerra, porque sus instrumentos tienen mayor sonoridad con respecto a la gaita, caña de millo, flautas, fotutos y pequeños tambores de la música primigenia. Aclara que, anterior a los mencionados instrumentos, los ritmos que se comenzaron a interpretar con estos ya existían. Tal es el caso del porro y el fandango. La novedad consistió en la ampliación de su sonoridad. Ilustra:

El sonido de la 20 de Julio acoge con destreza la música folclórica de su entorno. Penetra sutilmente por la hendija situada entre las bandas papayeras de la sabana y la música orquestada por Pacho Galán y Lucho Bermúdez.

Su notoriedad musical nace al reflejar el paisaje, la vida diaria y el carácter de una región. Un claro ejemplo es la música de las sabanas de Bolívar, Córdoba y Sucre. Sus ritmos evocan la ganadería, la pesca y la agricultura, y celebran los afanes de estos oficios. Aunque hoy dominan las fiestas patronales y las corralejas, su sonido fuerte logra imponerse con naturalidad frente al bullicio de la multitud.

El musicólogo y especialista en bandas y orquestas populares Javier Jiménez explica:

Es innegable que esta música tiene un alto nivel de creatividad, por eso no pasa desapercibida. Aunque toma de ritmos norteamericanos clásicos, queda claro que es una música para el baile y la diversión. Por eso, no hay que exigirles una puesta en escena magistral a sus músicos, aunque entre ellos pudiera haber intérpretes excepcionales.

El sonido de la 20 de Julio no es casualidad; nace de su entorno y de sus primeros pobladores. Su música guarda la huella de culturas del Canal del Dique con bailes y cantos como el son de negro, pajarito, mapale y el bullerengue, entre muchos otros. Insumos fundamentales para hacer sonar distinto cada instrumento, como lo hicieron los fundadores de la Banda. Tal es el caso de Álvaro Cárdenas, quien compuso una apología a la fiesta más concurrida del Caribe: “Carnavales de mi tierra”.

Otro artífice fue el maestro Daudeth Cantillo, quien supo conjugar con su saxo tenor esa herencia primigenia en nuevos sonidos que, sumados al talento de sus compañeros, identifica a la 20 de Julio. Con sus composiciones sublimó el sentimiento de la marginalidad del indio, el negro y el mestizo. Creó temas inolvidables, como “El sindicato”, cuyo propósito era reivindicar las demandas de la clase obrera. Le cantó a la mujer: “María Teresa”; abordó asuntos de la vida cotidiana, como “El palo de macondo”. Coronando su agudo ingenio con la sátira punzante “El perro negro”:

Tengo un perro negro pa’ la perra blanca
Tiene un ojo menos y la pobre es manca
El perro no la quiere
No le tiene amor
Porque la perra blanca
No reúne condición…

El baile que libera

El primer grupo en subir a la tarima, levantada en mitad de la calle frente a la Casa de la Cultura de Baranoa, es la Banda 20 de Julio de Repelón, tras anunciarse que la Fiesta de Sombreros y Polleras también celebra su décimo aniversario. Cada músico asciende llevando en brazos su respectivo instrumento. Seguidamente, Sinibaldo exclama: ¡Listos! Su enérgica voz infunde ánimo al grupo. Sin más espera, la música se desparrama en la improvisada pista de baile, y aquellas canciones escuchadas durante años en este pueblo actualizan pasadas emociones.

Epílogo
Mientras la Banda 20 de Julio toca a rubato el porro “Ajá y cómo se hace”, los asistentes se levantan a bailar. Enfrentan así el miedo atávico que otros proyectan, convirtiendo el espacio en un acto de libertad colectiva.

A mis compañeros y compañeras del PFC de la ENSH

*Prof. Escuela Normal Superior la Hacienda/ libardobarros@gmail.com

Fotos-Créditos-Banda 20 de Julio

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