Reaparece el puma como guardián del páramo Pisba en Colombia 

Entre la neblina del páramo del Parque Nacional Natural Pisba, un puma (Puma concolor) fue registrado recientemente por guardaparques y cámaras trampa, un hallazgo que confirma la permanencia de uno de los principales guardianes de los ecosistemas altoandinos en Colombia.

 El avistamiento ocurrió mientras un equipo recorría el área protegida y observó al felino posado sobre una roca, vigilante entre la bruma característica de estos paisajes.

La presencia del puma fue documentada en los municipios colombianos de Socotá, Socha y Tasco, dentro de los límites del parque. Estos registros, sumados a los relatos de las comunidades locales, evidencian que el felino continúa desplazándose por las alturas del páramo Pisba, un territorio clave para su supervivencia.

El puma es considerado un indicador de salud ecosistémica, ya que su presencia refleja la existencia de presas suficientes, conectividad ecológica y baja presión humana.

Para las autoridades ambientales, estos registros fortalecen las acciones de monitoreo y conservación en un ecosistema estratégico para la regulación hídrica y la biodiversidad de la región.

El avistamiento también resalta el papel de las comunidades y los guardaparques en la protección del páramo, un territorio donde la vida silvestre aún encuentra refugio.

El Parque Nacional Natural Pisba es un páramo estratégico del oriente andino colombiano, clave para la regulación hídrica de Boyacá y Casanare. Sus ecosistemas de alta montaña —páramo, bosques andinos y humedales— sostienen especies como el puma, el oso andino y aves altoandinas.

Pisba es un territorio histórico: fue paso de la Ruta Libertadora, utilizada por las tropas del Libertador Simón Bolívar.

Fuente/Foto @Parques Colombia

 

Huertas que florecen como refugios de vida en lago de Tota

 

 

 

En la cuenca del Lago de Tota, el proyecto Agua y Alimento por la Adaptación fortalece la resiliencia de comunidades rurales de alta montaña mediante la implementación de huertas agroecológicas y jardines de vida.

La iniciativa, liderada por la Fundación Humedales con apoyo de la ONG Vivamos de Suiza, busca mejorar el acceso al agua y la producción de alimentos bajo un enfoque comunitario, de género y justicia ambiental.

 

Desde 2024, familias de Tota, Aquitania, Cuítiva y Sogamoso participan en procesos de siembra, recuperación de semillas nativas y elaboración de biopreparados, acompañados por la Escuela de Agroecología Xisqua.

Estos espacios se consolidan como territorios de cuidado y aprendizaje donde las mujeres desempeñan un papel central en la gestión del suelo, la diversificación alimentaria y la transmisión de saberes.

Las huertas han mejorado la disponibilidad de alimentos frescos y han fortalecido la autonomía económica de los hogares. Casos como el de Yasmín Molina evidencian impactos sociales y emocionales asociados a la adaptación comunitaria

Paralelamente, los jardines de vida contribuyen a restaurar suelos y atraer polinizadores, integrando conservación y producción.

El proyecto articula además sistemas de cosecha de agua lluvia y filtros verdes, consolidando un modelo local de adaptación basado en soluciones naturales y organización comunitaria.

Agua y Alimento por la Adaptación es, en esencia, una apuesta por la soberanía de las comunidades sobre sus recursos, sus decisiones y su futuro.

Esta es la evidencia de que, cuando el conocimiento técnico se encuentra con la sabiduría local, y cuando las mujeres y las comunidades son protagonistas, es posible construir caminos reales frente a la crisis climática. Porque adaptarse no es solo resistir: es transformar, cuidar y sembrar futuro en colectivo.

Fuente/Foto @Fhumedales

Cuando el insecto nutre: harina de mosca impulsa crianza de cachamas

 

La inclusión de harina elaborada con larvas de mosca soldado-negra permitió reemplazar hasta el 15 % de la soya en la dieta de cachamas blancas sin afectar su crecimiento ni su salud, según una investigación de la Universidad Nacional de Colombia. El estudio, liderado por la zootecnista Edna Magaly Menjura, evaluó el uso de larvas criadas con residuos de mango, yuca y café como fuente alternativa de proteína para la piscicultura.

 

El equipo trabajó con 96 alevinos de cachama blanca (Piaractus brachypomus) alimentados durante 55 días con dietas que incorporaron entre 0 y 15 % de harina de insecto. Los peces mostraron desempeños similares en ganancia de peso, tasa de crecimiento, conversión alimenticia y rendimiento en canal frente a los alimentados con dietas convencionales.

 

La investigadora destacó que en Colombia aún no existe regulación específica para el uso de insectos en alimentación animal, por lo que estos resultados aportan evidencia para futuros marcos normativos. El hallazgo cobra relevancia ante la dependencia de la acuicultura de insumos como la harina de pescado y la soya, materias primas asociadas con impactos ambientales y altos costos de producción.

Fuente/Foto @AgenciaUnal